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Para Chris Adler, ex-baterista de Lamb of God, la llamada que recibió una mañana en Los Ángeles en 2015 marcó un antes y un después en su trayectoria. Al otro lado de la línea estaba Dave Mustaine, líder y fundador de Megadeth, con una propuesta directa: “Quiero hacer un disco de thrash. ¿Te interesa ser parte?”. Para Adler, fan de la banda desde que era un adolescente sobre una rampa de skate, no había mucho que pensar. “Fue un sueño hecho realidad”, recuerda.

En aquel momento, Adler se encontraba grabando las baterías para el álbum VII: Sturm Und Drang de Lamb of God. Sin embargo, la posibilidad de trabajar con una de las figuras más influyentes del metal lo llevó a reorganizar su agenda y trasladarse a Nashville, donde pasó varios meses trabajando codo a codo con Mustaine. Allí, lejos de la imagen del músico que solo llega a cumplir con su parte, Adler se involucró de lleno en la composición, aportando ideas, modificando estructuras y empujando el sonido hacia un terreno más rápido y contundente.

“Desde el principio supe que no me interesaba hacer un Super Collider 2”, bromea, refiriéndose al disco de 2013 con un enfoque más melódico. “Si me llamaban para hacer thrash, yo estaba dentro. Y Dave estaba en la misma sintonía: quería acelerar el paso y recuperar ese filo que los fans pedían”.

El resultado fue Dystopia (2016), un álbum que no solo revitalizó a Megadeth, sino que además se llevó el Grammy a Mejor Interpretación de Metal, un logro que Adler guarda con orgullo. La experiencia también supuso un reto personal: trabajar con un ídolo de juventud bajo un nivel de exigencia altísimo. “Dave siempre va a ser Dave. No es Lamb of God, donde puedes meter un enfoque rítmico aplastante; aquí hay una velocidad y un marco muy específico. Pero dentro de esos límites, exploramos mucho”.

El proceso creativo tuvo momentos memorables. Adler recuerda, por ejemplo, la discusión amistosa sobre un cover de “Foreign Policy” de FEAR. Mustaine quería mantenerlo en un formato punk puro, mientras que Adler proponía sumarle doble bombo para darle identidad Megadeth. “Al día siguiente, Dave llegó y me dijo: ‘Estuve pensando en lo que dijiste… tienes razón. Hagámoslo a nuestra manera’”. Fue uno de esos instantes que sellaron la química entre ambos.

Pese a la buena relación, Mustaine dejó claro públicamente que Adler no fue miembro oficial de la banda, sino un músico de sesión para el álbum y algunos conciertos entre enero y mayo de 2016. En los shows donde no pudo estar presente, fue reemplazado por Tony Laureano, mientras que desde mediados de ese año la batería quedó en manos de Dirk Verbeuren (ex-Soilwork), recomendado por el propio Adler, a quien considera “uno de los tres mejores bateristas del mundo”.

Para Adler, la experiencia con Megadeth no estuvo exenta de tensiones externas. El éxito de Dystopia y el Grammy obtenido se sumaban a otros logros previos fuera de Lamb of God, lo que —según reconoce— pudo generar fricciones internas en su banda original. Sin embargo, lejos de empañar el recuerdo, lo valora como un capítulo esencial de su carrera: “No solo formé parte del disco, tuve una mano importante en su escritura y en su dirección musical. Pasar esos meses con Dave fue un privilegio”.

Más allá de la música, Adler destaca el lado humano de Mustaine. “Es una persona con muchas defensas, lo entiendo. No es fácil entrar en su círculo cercano, pero una vez que lo logras, es increíblemente generoso y amable. Tiene una familia maravillosa, y todo ese tiempo juntos nos permitió construir una amistad genuina”.

Ese vínculo, sumado a la satisfacción creativa, deja claro que para Adler, Dystopia no fue simplemente un trabajo más. Fue el cruce de caminos entre un fan adolescente y su héroe, convertido en compañero de composición. Fue también una prueba de que, incluso en un contexto de alta presión, el respeto mutuo y la visión artística compartida pueden dar forma a un disco que trasciende.

Hoy, mirando atrás, Chris Adler recuerda aquella llamada temprana en un hotel como un momento bisagra. El mismo adolescente que descubrió a Megadeth en una cinta de casete se encontró, años después, escribiendo riffs y arreglos junto a Dave Mustaine, ayudando a dar forma a uno de los discos más importantes de la última etapa de la banda. Y para él, eso es algo que va más allá de los títulos, las giras o los premios: “Fue una parte muy importante de mi viaje como músico… y de mi vida”.

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