La vapuleada industria de la música en vivo no esperaba nada bueno de los últimos datos.

Lo cierto es que la cifra asusta: la mayor promotora del mundo, Live Nation, ha revelado que sus ingresos han caído un 98% en el último trimestre, el más golpeado por la pandemia a nivel planetario.

De acuerdo con los resultados financieros de dicho marco temporal, que finalizó el 30 de junio, el gigante de los conciertos y las giras internacionales registró ingresos netos de 74,1 millones de dólares, en comparación con los 3,160 millones de dólares del año anterior.

La diferencia es monstruosa, pero resulta de lo más verosímil si tenemos en cuenta que en Norteamérica, por ejemplo, ha podido organizar sólo 24 conciertos, cuando en el mismo plazo del año pasado fueron 7.213.

En Europa ha ido algo mejor: Live Nation ha sido capaz de celebrar 131 conciertos, frente a los 3.309 del año pasado. Pero los datos desglosados de los ingresos no engañan: en 2019, la compañía ganó 371 millones exclusivamente con la venta de entradas, y este año la cifra alcanza los 86, pero en negativo. Y es que las devoluciones masivas han llevado esas cuentas de la promotora a los números rojos.

«Durante los últimos tres meses, nuestra principal prioridad ha sido fortalecer nuestra posición financiera para asegurar que tengamos la liquidez y la flexibilidad para pasar un período prolongado sin eventos en vivo», dice un comunicado de la compañía, que tiene toda su fe puesta en el descubrimiento de una vacuna, ya que su expectativa es «que los eventos en vivo regresen a gran escala en el verano de 2021, y que la venta de entradas aumente en los trimestres previos a esos espectáculos».

Mientras tanto, la compañía ya está imponiendo bajadas de sueldos y despidos entre sus trabajadores, al igual que su competidora AEG.

Por mostrar un lado algo positivo de esta situación, el CEO de Live Nation, Michael Rapino, ha señalado que el 86 por ciento de los fans han optado por quedarse con las entradas para los espectáculos reprogramados el próximo año, y que dos tercios de los asistentes a festivales se quedarán con los abonos de las ediciones de 2021.

En ese sentido, Rapino destaca que ya se han vendido 19 millones de abonos para unos 4.000 certámenes, y que están detectando una «fuerte venta anticipada» de «tickets» para dos en concreto, ambos británicos: el de la Isla de Wight y el Download.

«Es importante subrayar que seguimos confiando en que los fans regresarán a los eventos en vivo cuando sea seguro hacerlo. Nuestro indicador más fuerte de la demanda es que conservan sus entradas, incluso cuando se les da la opción de un reembolso.

Hasta el final del segundo trimestre, el 86% se quedaron con sus “tickets” para espectáculos reprogramados, lo que demuestra su deseo continuo de asistir a conciertos en el futuro a pesar de la incertidumbre actual».

Live Nation ha intentado adaptarse a la situación con nuevos formatos como los conciertos de autocine, pero los beneficios son pírricos en comparación con los convencionales, así que ni siquiera ha dado el dato de ingresos al respecto. Donde sí parece poner más esperanzas es en los conciertos en «streaming» de pago.

«En el segundo trimestre tuvimos 67 millones de seguidores que vieron más de 18 mil conciertos y festivales “online” en todo el mundo. Entre lo más destacado, el pasado fin de semana transmitimos 150 actuaciones en directo del Festival Virtual Lollapalooza», explica Rapino, que a modo de conclusión optimista augura que 2021 y 2022 serán «de récord» para la industria, por las ganas de conciertos.

La compañía planea «un regreso de actuaciones al aire libre en primavera, en unos 40 países», aunque señala que Estados Unidos podría ser de los que más tardaría en recuperarse.

La revelación de estos datos tan tremendos para el sector llega después de que el gobierno del Reino Unido anunciara planes para una inyección de efectivo sin precedentes de 1,57 mil millones de libras para ayudar a las industrias del arte, la cultura y el patrimonio, con el fin de sobrevivir al impacto de los cierres provocados por el coronavirus, proporcionando espacios, subvenciones y préstamos de emergencia.

El formato físico no se salva

La venta de discos físicos ha caído en picada en todo el mundo, ya que el confinamiento ha reducido este mercado a los envíos por correo. Y en el formato digital, en España por ejemplo, las cosas no han ido tan bien como cabría esperar si tenemos en cuenta que ha habido mucho tiempo para escuchar música en «streaming».

Según la información facilitada por la empresa de estudios de mercado Gfk, en la primera semana del estado de alarma se produjo una caída de 11% en su consumo, un fenómeno que ya ha sido observado también en Italia y otros países en situación de confinamiento.

El impacto en otras vías de ingresos, como las sincronizaciones (utilización de música en publicidad o creaciones audiovisuales), retribuciones por conciertos, patrocinios o licencias, venta de «merchandising», o los relacionados con las giras de sus artistas podría representar varios millones de euros más en la factura, mientras por el cierre de discotecas, bares, pubs, hoteles o tiendas con el estado de alarma y el descenso de los ingresos de publicidad, los derechos de propiedad intelectual por comunicación pública podrían sufrir un descenso de 12 millones de euros.

Después de años de crisis, la industria musical española empezó a obtener buenos resultados en 2019, pero según Antonio Guisasola, presidente de Promusicae, «la crisis del coronavirus nos frenará abruptamente».

Tal como muestran los últimos números publicadas por la institución, «el optimismo que generaron las cifras del año pasado en nuestro sector va a durar poco.

Todas las fuentes de ingresos de los productores discográficos se van a ver seriamente dañadas como consecuencia de la actual situación.

El daño será particularmente severo en el caso de las ventas de soportes físicos (cedés y vinilos), directamente afectadas por el cierre de las tiendas de música, en un momento propicio para los nuevos lanzamientos, donde se estima perder la mitad de la facturación, unos 40 millones de euros en el conjunto del año.

Las pérdidas en las plataformas de “streaming” serán al menos de 50 millones; y en el caso de las suscripciones, la caída prevista romperá de golpe con la tendencia de fuertes crecimientos de los últimos años».

Fuente: ABC.es