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Rob Halford, el inquebrantable Dios del Metal, vuelve a levantar la voz. Esta vez no es por riffs ni escenarios envueltos en fuego, sino por una causa aún más urgente… la homofobia que persiste, latente y muchas veces descarada, en la cultura estadounidense. A sus 74 años y con más de medio siglo de carrera al frente de Judas Priest, Halford no se anda con rodeos: “Estados Unidos sigue siendo increíblemente homofóbico”, dispara en el podcast Queer The Music. Y habla con conocimiento de causa. Ha vivido en ambos lados del Atlántico, y lo que ve en su país adoptivo lo enfurece. “He visto pasar muchas cosas desde los 80. Realmente me enoja y me molesta”, admite con esa mezcla de decepción y rabia que solo conocen los que han peleado esta batalla desde dentro.

Y aunque el metal ha cambiado (y cambiado para bien) ciertos prejuicios siguen colándose por las rendijas. Halford cuenta que aún hoy hay fans que se le acercan con frases tipo “Amo a Judas Priest, pero no soy gay”, como si la admiración por su música tuviera que venir con una cláusula de aclaración heteronormativa. “Eso todavía vive conmigo hasta cierto punto”, confiesa entre risas tensas. Pero también reconoce que hay algo que está evolucionando, las audiencias actuales, en su mayoría, no le dan importancia a su sexualidad. “Este etiquetado no debería ser parte de nada. Se trata de tu arte, tu oficio, tu trabajo. Eso es todo lo que importa”, subraya.

Halford recuerda el momento en que salió del clóset en una entrevista con MTV en 1998. No fue una estrategia ni una declaración política. Fue, simplemente, verdad. “No me había despertado esa mañana y me dije: ‘Voy a salir’. Fue una corriente pura de conciencia. Solo hablaba, y eso fue todo”. Desde entonces, se convirtió (sin proponérselo) en un ícono queer dentro del heavy metal, un género que históricamente había sido territorio difícil para cualquier tipo de disidencia sexual. Pero si salir del clóset fue un acto de honestidad, mantenerse firme en ese espacio ha sido un acto de resistencia.

Y ese contexto se vuelve más oscuro con el retroceso político actual. Desde que Donald Trump retomó la presidencia en 2025, los avances en derechos LGBTQ+ han sido desmantelados con una frialdad burocrática alarmante. Se han revocado políticas de igualdad, se ha reforzado la idea del género como algo definido al nacer, y se ha atacado sistemáticamente cualquier intento institucional de promover diversidad, equidad o inclusión. Mientras tanto, Halford sigue ahí, girando con Judas Priest y compartiendo escenario con Alice Cooper, recordándonos que el metal no es solo poder sonoro, también puede ser una plataforma de lucha. Y el mensaje es claro. Si después de tanto tiempo, aún hay quienes se sienten incómodos con que su ídolo sea gay, el problema nunca fue la música. El problema sigue siendo el miedo disfrazado de moralidad.

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