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Hay noches que se quedan tatuadas en el alma y lo que vivimos en el Multiforo Alicia fue una de ellas. En un despliegue de riffs, hermandad y coros que desbordaron el recinto, The Bouncing Souls regresaron para recordarnos por qué somos “True Believers”. Junto a la nostalgia explosiva de The Menzingers y la furia caótica de PUP, la emblemática “multiforo” vibró como en sus mejores épocas, demostrando que el punk rock en México no solo está vivo, sino que tiene una salud envidiable.

PUP y The Menzingers: La descarga de adrenalina de The Bouncing Souls en el Alicia

La velada arrancó con una intensidad que pocos recintos pueden soportar. PUP saltó al escenario para demostrar por qué su energía es tan aclamada internacionalmente. Los canadienses, que incluso han llevado su caos controlado al prestigioso formato de Tiny Desk, transformaron el Alicia en una licuadora humana. La precisión de su desorden fue fascinante; ver a una banda que brilla en escenarios íntimos y digitales destrozar las tablas del Alicia con esa honestidad bruta fue el primer gran regalo de la noche.

Inmediatamente después, The Menzingers elevaron la nota emocional. Con ese punk melódico que duele y cura al mismo tiempo, la banda nos hizo navegar por una nostalgia compartida. Cada acorde se sintió como una carta de amor a nuestra juventud, preparando el terreno de manera magistral para el plato fuerte: el ritual de The Bouncing Souls en el Alicia.

El regreso de los “True Believers”: The Bouncing Souls en el Alicia

Cuando Greg Attonito y compañía tomaron sus instrumentos, el tiempo se detuvo. The Bouncing Souls en el Alicia no fue solo un show, fue una reunión familiar. Himnos como “True Believers” y “Manthem” retumbaron con tal fuerza que las paredes cubiertas de carteles históricos parecían sudar con nosotros. Fue divertido, fue caótico y, sobre todo, fue profundamente emotivo ver a una banda con décadas de trayectoria entregarse con la misma pasión que unos adolescentes en su primer ensayo.

La conexión fue total. El moshpit no era una zona de guerra, sino un espacio de celebración donde las sonrisas eran tan constantes como los empujones. Ver a las tres agrupaciones unidas por la mística del Alicia nos recordó que el punk rock es resistencia, pero también es la alegría de encontrarnos en el mismo lugar, bajo el mismo estruendo.


El eco del grafiti y la distorsión

Salimos del recinto con los oídos zumbando y el corazón lleno. Lo que pasó esta noche fue un recordatorio necesario de que los lugares pequeños crean las historias más grandes. El Alicia no se va, se queda en cada uno de nosotros que dejamos el alma en el pit.

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