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El We Missed Ourselves Festival 2025 reafirmó por qué es considerado el encuentro más importante del post-hardcore, metalcore y emo en México. El pasado 25 de octubre, el Velódromo Olímpico se convirtió en un campo de energía desbordante donde la pasión, los gritos y los riffs pesados se unieron en una jornada que quedará marcada en la memoria de miles de asistentes.
El arranque del festival estuvo a cargo de la escena nacional con Paraíso y Monde, quienes encendieron los ánimos desde los primeros minutos, preparando el terreno para lo que sería una auténtica maratón sonora.
Poco después, Oceans Ate Alaska tomó el escenario con una descarga de precisión y brutalidad técnica. Su show fue una demostración de por qué atraviesan una de sus mejores etapas creativas: un set poderoso, pulido y profundamente emotivo que superó todas las expectativas.
El turno de I Set My Friends on Fire llegó con una dosis de locura y espontaneidad. Su presentación debut en el festival fue tan explosiva como inesperada, culminando con un momento que conmovió a todos: el guitarrista pidió matrimonio a su pareja en pleno escenario, robándose los corazones del público y regalando uno de los instantes más humanos y memorables del día.
Con el sol cayendo sobre el Velódromo, Memphis May Fire encendió la tarde combinando fuerza, melodía y una entrega absoluta. A pesar del calor, nadie dejó de saltar ni de corear himnos que resonaron con potencia entre las manos levantadas de los fans.
Uno de los regresos más esperados fue el de We Came As Romans, quienes volvieron a México tras más de una década de ausencia. Desde su primera nota, el recinto explotó. El vocalista apareció portando la camiseta de la Selección Mexicana, y entre gritos de euforia anunció que la banda volverá pronto al país. Fue un momento de comunión total entre artista y público, una promesa de que esta conexión sigue más viva que nunca.
La noche continuó con Senses Fail, que sorprendió al iniciar su presentación con “Querida” de Juan Gabriel —una mezcla inesperada que provocó sonrisas y coros entre el público—. Su show fue una explosión de nostalgia y respeto, repasando clásicos, así como un popurrí que incluía clásicos del nu metal de bandas legendarias como System of a Down, Disturbed, Limp Bizkit y Rage Against The Machine, para finalizar su show con su clásico “Bite To Break Skin”, reafirmando el cariño que sienten por México.
Cuando Underoath subió al escenario, el Velódromo se transformó en una tormenta de energía pura. Cada acorde, cada grito, y cada salto formaron parte de una experiencia catártica. Su interpretación de “A Boy Brushed Red Living in Black and White” fue un punto culminante: miles de voces unidas en un coro de pasión, en un momento donde la intensidad y la emoción se fundieron. Su presentación fue una clase magistral de entrega y poder escénico.
Pero uno de los momentos más espectaculares llegó con Beartooth. Desde el primer riff, se sintió que algo grande estaba por suceder. Con una producción impecable, luces sincronizadas y una precisión técnica impresionante, ofrecieron un show que mezcló agresividad y sentimiento. Caleb Shomo, carismático y entregado, lideró a la multitud con una energía arrolladora. Fue un punto de comunión total: banda y público respirando al mismo ritmo, vibrando en una sola frecuencia.
El cierre perfecto de la jornada llegó con Black Veil Brides, quienes ofrecieron un recorrido por toda su evolución musical. Desde los temas más recientes como “Bleeders” hasta los clásicos que marcaron su identidad, cada canción fue recibida con una ola de nostalgia y devoción. Andy Biersack y su banda dominaron el escenario con elegancia y potencia, demostrando por qué siguen siendo una de las agrupaciones más queridas del género. 
El momento más íntimo llegó cuando los fans, en un gesto espontáneo, cantaron “Happy Birthday” al vocalista. Entre sonrisas y emoción, el recinto se llenó de un sentimiento de cercanía que recordó la verdadera esencia de la música: unir corazones, romper barreras y crear comunidad.
El We Missed Ourselves 2025 fue mucho más que un festival: fue un homenaje a la pasión, a la hermandad y a la fuerza del metalcore en México. Entre la furia, la melancolía y la euforia colectiva, el evento demostró que esta escena sigue viva , creciendo y transformándose (NO FUE SOLO UNA ETAPA), pero manteniendo intacta su esencia: la unión que solo la música puede provocar.
Agradecimientos especiales a Alicia Baron de Dreamers y Radar Medios por sus atenciones para poder cubrir este evento.
Redacción y fotografía por Karen Rios
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