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Hubo que esperar más de dos décadas para un reencuentro que se venía gestando de hace poco más de un lustro. Las presentaciones bajo el nombre Bonebreaker -como su placa más exitosa-, eran la antesala de lo que se veía venir, y con toda razón. Undercroft, de toda la camada Death Metal que marcó el estilo a nivel local durante los ’90, fue quizás la más importante por el nivel rutilante de sus dos placas iniciales, Twisted Souls (1995) y la mencionada Bonebraker (1997).
Con toda una discografía de nivel superlativo, el Undercroft original es objeto de culto para toda una generación. tanto para quienes vivieron los ciclos en el  Manuel Plaza, como para otra más joven que anhelaba el regreso de Tito Melin y rememorar la gloria de una época en que la cosa se movía por impulso y el talento iba de la mano con el propósito ante todo. De ahí la convocatoria en el Club Blondie, con un público de todas las edades y un cartel con lo más granado del metal extremo en la actualidad.
 Arrancando la jornada, y con ‘Destroy’ bajo el brazo desde hace un par de meses, Sobernot desplegó sus toneladas de clase, frente a un público que, lamentablemente, era bastante escaso en cantidad. Nada de aquello fue impedimento para sucumbir ante el bombardeo de riffs con que ‘I Recommend Amputation’, ‘Servants of the Yellow King’ y ‘Tyrant Machine’. todos misilazos de metal chileno sin apellidos ni dobles intenciones. La postal de Chespi, el riffmaster de Sobernot, bajando al pit y moviéndose entre el público en plena metralla con la final ‘Vermis’, nos explica de manera simple y concisa por qué este 2022 es su año, por lejos.
Si hablamos de metal de cepa moderna, Diametral no se queda atrás con su mezcla de groove y death metal con orientación melódica. Embajadores locales del sonido popularizado por The Black Dahlia Murder y Job for a Cowboy, ‘Humandroide’, ‘Testigo’ y ‘Depredación’ funcionan con la voracidad propia de un estilo que no escatima aguante y talento. Una  combinación traducida en una firma contundente en su objetivo, con el mensaje y la música tomándose de la mano en pleno desmadre. Ver a Osvaldo López bjar al público para integrar el moshpit antes del cierre, te recuerda lo que realmente importa cuando se trata de llegar al público y dejar la vida por aquello.
Desde el otro lado de la cordillera de Los Andes, el Thrash de Serpentor puso la cuota de vieja escuela donde la diferencia con los actos anteriores se define por el ropaje, en el buen sentido de la palabra. Por estos días, y tras su debut en nuestro país con Sacerdote del Horror (2021) en plena promoción, los trasandinos parecen disfrutar a concho sus pasadas por suelo local. ‘Privación Ilegítima de la Libertad’, ‘El Carnicero’, ‘Controlando la Nación’ y el track que titula su producción reciente, todas conforman una selección de lo mejor en más de 20 años de militancia thrash hasta los huesos. El remate con ‘Lloviendo Sangre’ -versión en español del clásico absoluto de los dioses Slayer-, a su manera el homenaje a Chile –Tom Araya-, y a todos quienes forjaron la revolución metalera por excelencia. Una muy lejos de vencer.
Ya pasadas las 21 horas, y con el Club Blondie ya abarrotado en toda la cancha, el regreso de Undercroft en su formación original ya era un hecho. Tito Melin en los ladridos, Claudio Illanes y Sergio Aravena en guitarras, el bajista Marco Medina, y el baterista Felipe Jiménez, todos volviendo a unir fuerzas para desatar el infierno con las iniciales ‘Empire of Orgies’ y ‘I Condemn’. Un puntapié inicial demoledor en todo aspecto, donde los más de veinte años separados (?) ni se notaron. Todo lo contrario; el ensamblaje de Undercroft debiera ser un ejemplo de lo que pesa una carrera y cómo sus integrantes lo asumen como tal.
Escuchar a Tito dedicar ‘They Kill For Me’ a quienes sufrieron y murieron por la maldita pandemia, nos habla de lo que significa en estos tiempos el retorno a las canchas, sobretodo en un contexto de incertidumbre global. Hay un afecto imposible de guardar, y mucho más viniendo de un conjunto que ha pasado por todas para hacerse un lugar a nivel local e internacional. Por ende, ‘Law of Sacrifice’, ‘Rumanian Impaler’ y ‘Winds of Brutality’, no solo la rompen con su ejecución impecable, sino por la comunión entre la banda y quienes sabemos de antemano que el death metal es un estímulo a prueba de cualquier tendencia ‘cultural’ impuesta por la industria. Que Tito Melin se acuerde de ‘Wake Up From Your Dreams’ como el primer video grabado por Undercroft, cuando el programa ‘Viva la Revolución’ le daba a esta música un lugar de difusión en la pantalla chica, habla de la misma forma en que estos veteranos de mil batallas relucen su jerarquía en vivo, sin discusión que valga.
‘Demons Awake’, la clásica ‘To the Final Battle’, ‘Son of Darkness’ y ‘Road to Desolation’, todas desfilando sin descanso, con la centrífuga humana y el headbanging conformando una escena maravillosa, amor por el metal chileno hasta la muerte. En gran parte, Undercroft se hizo un nombre porque su estilo, más allá de las influencias y el impacto generado en esos años, hubo un propósito en común para sus integrantes, donde el Death y el Thrash convergen en la leyenda que siempre ha sido para los bangers locales, como nos queda claro en ‘Sodom and Gomorrah’, un himno de esos que obliga a levantar el puño, mientras las guitarras de Aravena e Illanes atacan y devoran sin miramiento alguno lo que se encuentre a su paso.
El broche de oro con ‘Bonebreaker’ y ‘Mercy’, nos deja con la emoción a flor de piel. No es solo una cuestión de nostalgia, sino una prueba irrefutable de que en estos tiempos de ‘metal raíz’ y ‘conciencia social’, hay valores intransables. Y uno de ellos tiene que ver con la esencia del Death Metal como una forma de pensar y ver el mundo. O en este caso, ver el curso que sigue un país como Chile, donde la polarización se arraigó de la misma forma que la violencia y la falta de respeto. De ahí lo bienvenido de Undercroft nuevamente a las pistas, para recordarnos que Chiles un imperio de orgías que pavimenta su camino a la desolación.
Yendo a la música, y con la reedición en vinilo de ‘To the Final Battle / Demons Awake, Revenge Is Near’, dicen que existe la posibilidad de un nuevo trabajo en estudio, el sucesor del último ‘The Seventh Hex’ (2017). Esperemos que así sea, porque si algo es seguro, es que los demonios han despertado nuevamente, listos para otra batalla final.

 

Texto: Claudio Miranda

Fotografías: Reiner González

Produce: Spider Producciones