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Lo que comenzó como un concierto despedida se convirtió en un fenómeno: ‘Back to the Beginning’, el último gran show de Black Sabbath junto al legendario Ozzy Osbourne, no sólo cerró el círculo de una era con fuerza, sino que dejó una huella imborrable en el corazón del heavy metal… y en la filantropía.

Con un montaje apoteósico en Villa Park, la banda original —Ozzy, Tony Iommi, Geezer Butler y Bill Ward— se reencontró sobre el escenario por primera vez desde 2005. Ozzy, obligado por el Parkinson a cantar sentado en un trono, irradiaba emoción mientras tocaba clásicos como ‘War Pigs e ‘Iron Man, acompañado de un elenco de lujo: Metallica, Guns N’ Roses, Slayer, Pantera, Tool y supergrupos formados por leyendas del rock.

El impacto fue monumental: el evento recaudó £140 millones (unos cientos de millones de dólares), recursos que serán destinados por igual al Hospital Infantil de Birmingham, Cure Parkinson’s y Acorns Children’s Hospice. Aun así, un estudio económico reflejó que el espectáculo generó £33.8 millones (≈ $45.5 millones) de ingresos directos, de los cuales £27.6 millones quedaron en West Midlands, fortaleciendo la economía local de la ciudad natal del Príncipe de las Tinieblas.

Más que un concierto, fue un adiós lleno de significado. Según un amigo cercano, ‘lo energizó —lo llenó de vida‘—, y Ozzy vivió sus últimos días cargado de entusiasmo y gratitud. En su última entrevista antes de morir, el músico reflexionó que ‘la supervivencia es mi legado‘, un mensaje poderoso cargado de autenticidad y resistencia.

Así concluyó una leyenda sobre el escenario, con guitarras, lágrimas, solidaridad… y una última nota que resuena más allá del tiempo.

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