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Eran cerca de las 20:00 horas cuando abrieron las puertas de Live Era, icónica sala de conciertos de Montevideo, que supo tener varios cambios de nombre y dueños, pero que por suerte siempre le dio al Rock and Roll el espacio y la importancia que merece, desde bandas locales hasta algunas de las mejores visitas internacionales.
La expectativa esta noche del 15 de agosto era muy alta, y es que los legendarios Pentagram prometían despedirse de los escenarios, no sin antes dar un último grito que se escuchara en todo el mundo.
Pentagram es una banda que, a pesar de ser uno de los grandes pioneros del doom (y, discutiblemente, del metal en general) le ha costado hacerse escuchar. Primero un documental y después un meme ayudaron a poner a esta banda en el ojo público, por suerte para todos y, más merecidamente que nunca, por su enorme importancia histórica.
Sobre las 20:30 comenzó a tocar Contramarea, banda local de Stoner Rock que hacía tiempo no veía en vivo, y me daba la sensación de que habían desempolvado sus instrumentos especialmente para esta ocasión.
La verdad es que todo venía muy bien. Sonaban bien, la banda estaba a muy buen nivel para hacer el precalentamiento de la noche, hasta que pasó…
Faltando dos temas para que cerraran, la luz del escenario se apagó y los equipos dejaron de escucharse. Primero se vio cómo varios técnicos subían al escenario para intentar solucionar la situación, pero nada: la cosa seguía sin sonar.
Pasados ya varios minutos, Contramarea decidió bajarse, dando así por finalizado de forma trunca su show.
Los minutos pasaban y todo seguía igual, o de hecho peor, ya que en cierto momento todas las luces de la sala se apagaron.
Fue entonces cuando los responsables del evento le pidieron a la gente que, por favor, saliera y esperara afuera a que se solucionara la situación, por motivos obvios de seguridad.
En lo personal, puedo decir que estuve ahí, presenciando el paso a paso.
Lo primero que llegó fue el electricista de la sala, quien, tras una revisión general, vio al dueño y le comunicó: “Es la UTE”. Es decir, no era un problema eléctrico de la sala, sino que no estaba llegando energía desde afuera (lo cual complicaba aún más la cosa).
Lo más remarcable de esta situación fue lo que hizo la banda. Cuando ya había pasado más de una hora sin luz, se vio salir hasta la puerta al legendario Bobby Liebling, acompañado por su guitarrista Tony Reed.
Lejos de incomodarse o enojarse por lo que estaba sucediendo, se dispusieron a entretener a los fans que se encontraban en la calle. Primero improvisando un meet and greet y luego incluso interpretando un par de temas, con la guitarra enchufada a un mini amp a batería.
Lo que podría haber sido un bodrio terminó convirtiéndose en una situación completamente única, dándole la oportunidad a los fans no solo de escuchar a un Bobby casi a cappella, sino también de sacarse fotos y pedirle firmas a una leyenda del Rock.
Sobre las 23:00 llegó un generador, se enchufó y todo volvió a prender. Fueron aproximadamente dos horas de demora para el comienzo del show de Pentagram.
Uno de mis mayores miedos era que la gente se fuera. Por suerte, había bastante público y no fue así. Ni bien se abrieron nuevamente las puertas de la sala, volvió a llenarse de gente, ahora sí ansiosa por el show.
Y lo que siguió fue un espectáculo inolvidable.
Una banda que, podría decirse sin miedo al error, se encuentra en su mejor momento.
Abrieron con “Live Again”, de su nuevo disco Lightning in a Bottle (discazo, por cierto), y le siguió una muy buena amalgama de grandes clásicos de la banda y temas de su más reciente trabajo.
La sinergia con el público fue total. Uno pensaría que, como es una banda de doom, no habría mucho “pogo”, pero no fue así. Todo lo contrario. Quizás ansiosos por la espera que tuvieron que atravesar, pero la respuesta de la gente fue totalmente enérgica ante una banda que estaba sonando increíblemente bien.
Y es que hay que hablar del sonido.
Totalmente nítido, pero fuerte. Te volaba la cabeza, pero no saturaba. Se escuchaban todos los instrumentos, pero a su vez mantenía esa suciedad característica de Pentagram.10 puntos.
Más allá de Bobby, sin duda la otra estrella era su guitarrista Tony Reed, que con mucha cancha se puso al bolsillo a la gente.
Y es que ya nadie (excepto Liebling, claro) queda de aquella formación que nos visitó en 2022, en aquel recordado show en Montevideo Music Box, y la comparación es inevitable. Yo personalmente debo decir que la formación actual me pareció mucho más sólida.
Al igual que al propio Bobby, al cual esta vez noté en mucho mejor estado. A pesar de la espera, se lo notaba alegre y con ganas de darle al público todo lo que pedía: desde la cara “de loco” que se hizo tan viral por aquel meme, hasta una performance vocal impecable.
Y así, cerca de la 1 de la mañana, primero con su mayor clásico, “Forever My Queen”, y luego con “20 Buck Spin”, Pentagram abrochaba un show que, por muchas razones (algunas parte del azar del destino y otras fruto de la suma de profesionalidad y carpeta de una banda que no en vano tiene 55 años de trayectoria), quedará por siempre en el recuerdo y en el imaginario del metalero uruguayo.

